El cuento de los tres cerditos.
(O la historia de tres tíos con un morro que se lo pisan)________________________________
Al lado de sus padres, tres cerditos habían crecido alegres en una cabaña del bosque. Y como ya eran mayores, sus papas decidieron que era hora de que construyeran, cada uno, su propia casa. (Es decir que unos padres tenían en casa apalancados a tres hijos de treinta y pico años y les pusieron la maleta en la puerta artos ya de ser sus mayordomos)
Los tres cerditos se despidieron de sus papas, y fueron a ver como era el mundo. (O lo que es lo mismo, los tres hijos se fueron despechados hasta el bar de la esquina y comenzaron a ojear un ejemplar de El Mundo para encontrar piso, pero ante los precios optaron por otras vías).
El primer cerdito, el perezoso de la familia, decidió hacer una casa de paja. En un minuto la choza estaba ya hecha. Y entonces se fue a dormir. (Este hijos es del tipo antisistema okupa, veamos como en consecuencia cogió una caja de cartón y se echo a dormir en un parque, cerca de donde compra para sus cigarritos de la risa).
El segundo cerdito, un glotón, prefirió hacer la cabaña de madera. No tardo mucho en construirla. Y luego se fue a comer manzanas. (Este hijo es el bohemio de todo a cien, compro una vieja furgoneta, la llenó con muebles encontrados en una esquina, y se fue al bar a filosofar frente a una cerveza que no paga él).

El tercer cerdito, muy trabajador, opto por construirse una casa de ladrillos y cemento. Tardaría más en construirla pero estaría más protegido. Después de un día de mucho trabajo, la casa quedo preciosa. Pero ya se empezaba a oír los aullidos del lobo en el bosque. (En realidad este es el favorito de sus padres, trabaja de cajero en una oficina bancaria, y sus padres, a espaldas de los otros hermanos, le han avalado para que se compre un pisito cerca de la casa paterna, muy mono eso si. Los aullidos del lobo son en realidad del funcionario del juzgado que llega con la primera reclamación por impago de hipoteca, porque el niño prefiere comprar la ps3 que pagar la cuota, cosa que no le llena tanto, pero es que el escritor del cuento se confundió un poco el pobre, porque en sus tiempos estas cosas no pasaban… ya se sabe)
No tardo mucho para que el lobo se acercara a las casas de los tres cerditos. (El lobo en realidad es un reportero del programa Callejeros, al que le han endiñado un reportaje sobre cómo se emancipa la juventud hoy en día).
Hambriento, el lobo se dirigió a la primera casa y dijo: - ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplare y tu casa tirare!
Como el cerdito no la abrió, el lobo soplo con fuerza, y derrumbo la casa de paja. El cerdito, temblando de miedo, salió corriendo y entro en la casa de madera de su hermano. (He aquí el primer intento del reportero por conseguir unas declaraciones del primer hijo, el cual, ante las sacudidas a su caja-hogar del insistente periodista becario, decide huir y buscar refugio en la furgoneta de su hermano.)
El lobo le siguió. Y delante de la segunda casa, llamo a la puerta, y dijo: - ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplare y
tu casa tirare!
Pero el segundo cerdito no la abrió y el lobo soplo y soplo, y la cabaña se fue por los aires. Asustados, los dos cerditos corrieron y entraron en la casa de ladrillos de su otro hermano. (Segundo intento fallido del esforzado reportero, ante la insistencia del cual los dos cerdos… digo chicos, han optado por arrancar la furgoneta, previo robo de combustible de algún utilitario cercano, y trasladarse para gozar de la “hospitalidad” de su hermano)
Pero, como el lobo estaba decidido a comérselos, llamo a la puerta y grito: - ¡Ábreme la puerta!¡Ábreme la puerta o soplare y tu casa tirare! (Admitamos que el reportero un rato pesado es)
Y el cerdito trabajador le dijo: - ¡Soplas lo que quieras, pero no la abriré! Entonces el lobo soplo y soplo. Soplo con todas sus fuerzas, pero la casa ni se novio. La casa era muy fuerte y resistente. El lobo se quedo casi sin aire. (Persistente el chico de la tele, le dio la vuelta a la casa, y no consiguió ni un mal plano de los tres gorrinos… esto… chicos, que llevarse a la cámara)
Pero aunque el lobo estaba muy cansado, no desistía. Trajo una escalera, subió al tejado de la casa y se deslizo por el pasaje de la chimenea. Estaba empeñado en entrar en la casa y comer a los tres cerditos como fuera. Pero lo que él no sabía es que los cerditos pusieron al final de la chimenea, un caldero con agua hirviendo. (Desesperado, el aguerrido reportero utiliza tácticas aprendidas de sus compañeros de facultad, que ahora trabajan para el mundo del corazón, lo que no se esperaba es que las criaturas hubiesen contratado una alarma de las de a 30 euros mes según los del canal de tele venta, y claro… el esforzado chico acabó una vez mas del otro lado del seto por obra y magia del forzudo segurata de turno, regresando a la redacción con el rabo entre las piernas).
Y el lobo, al caerse por la chimenea acabo quemándose con el agua caliente. Dio un enorme grito y salió corriendo y nunca más volvió.
Así los cerditos pudieron vivir tranquilamente. Y tanto el perezoso como el glotón aprendieron que solo con el trabajo se consigue las cosas. (Así es, escaldado cual pulpo acabo el reportero, pobrecito, tanto perseguir su reportaje, y van los tres cerditos y se lían a estrellas de los programas rosa, trabajando en ellos y llenándose los bolsillos con el sudor de su lengua que no de su frente, listos salieron los cerdos… perdón… los chicos, eso sí de ellos han aprovechado todo todo, desde su bautizo a la retransmisión en directo de su funeral).